Perfil | Cómo resuelve Brenda Lozano un enigma social

Foto: Lulú Urdapilleta
Giovana Hernández

Giovana Hernández

El vacío social de la dignidad humana, el género y la cultura son una lucha en complicidad de la libertad y derechos de la mujer, en las letras Brenda Lozano encontró un “espacio de libertad”. México es un universo literario de contradicciones, oposiciones y juegos con la realidad. 

Brenda Lozano es narradora, ensayista y editora, nació en Ciudad de México en 1981.  En sus redes sociales se identifica con el ingenio de Mafalda por su constante labor investigativa y literaria, como el choque entre culturas, el victimario femenino de las imposiciones patriarcales o la apropiación socio-cultural de una identidad.

Estudió literatura en México y Estados Unidos. También, fue becaria del programa Jóvenes Creadores del FONCA; ha tenido residencias de escritura en Estados Unidos, Europa y América del Sur. Edita en la revista literaria Make de Chicago y es parte de la editorial Ugly Duckling Presse de Nueva York.

La primera novela que publicó fue Todo-Nada en 2009, seguido de Cuaderno Ideal en 2014, más tarde Cómo piensan las piedras (2017). Su obra más reciente es Brujas (2020).

En 2015 fue reconocida como una de las escritoras menores de 40 años más importantes del país. Lozano pertenece a a lista Bogotá 39 (2017) de los mejores escritores de ficción menores de 40 años de América Latina. Colaboró en publicaciones como Letras Libres y Día Siete.

La escritora cuenta en entrevista con Gatopardo, un momento memorable y personal el #MeToo, la marcha del 19 de agosto en el Ángel de la Independencia con letreros que decían “México Feminicida”. “Esa imagen es la brújula que marca la dirección de esta década”, dijo Lozano.

En su obra reciente Brujas, el contexto enmarca la primera duda literaria de Lózano, es entre el feminismo y el contexto social mexicano. Enmarca una historia entrecruzada de Zoé y Feliciana, la periodista y la curandera; la magia chamánica y las letras, en busca del camino a la libertad.

En un México de machismos y fetichismos sexuales, tanto en la ciudad como en el campo. Las protagonistas que no comparten una lengua en común; ni un estilo de vida, comparten un dolor equiparable y un resentimiento femenino: el abuso sexual en la realidad histórico-social del país.

Las protagonistas del relato indagan en las preguntas, más difíciles, de afrontar un abuso sexual. En tercera persona, la hermandad y complicidad femenina, son parte necesaria del contexto narrativo. “Las hermanas son lo que no tenemos, ellas son lo que no somos y nosotras somos lo que ellas no son”, escribió.

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