Vienen por mí

Foto: MIchel Herren

Los habitantes del planeta Ulu dejaron varias pistas de su siguiente venida a la tierra. Nadie me lo dijo, así que cualquier presunción de culto está descartada para los escépticos. Yo lo descubrí sólo; descubrí las señales que han estado esparciendo desde hace más o menos un año; y pronto me iré con ellos, pues soy el único afortunado en descubrir su venida.

La primera pista fue una hoja seca partida a la mitad. Inusual si se toma en cuenta que era invierno y las hojas ya habían caído desde el otoño. Sin duda era una prueba infalible, pero no me dejé convencer porque creo tener más inteligencia como para caer a la primera pista.

Más tarde, en mi casa, se fue la luz, y tras la ventana de la sala se disparó una luz azul incandescente que iluminó el cielo como si fuera medio día apenas; seguida del ruido motorizado de lo que sin duda, tenía que ser su nave espacial. Estaba un poco más convencido, pero sin duda no era suficiente como para atraparme, porque aún no descartaba que fuera una trampa.

Sin embargo, la tercera pista no me dejo dudas y entendí que yo era su elegido. Dos días después, cuando pensaba que quizá no había por qué alegrarse, una señal calló sobre mi cabeza. Y no hablo de una señal metafórica, sino una verdadera señal; un cuadro verde fosforescente, con la imagen del espacio y un título que decía “te estamos esperando”. Pecaría de necio si no hubiese creído en ellos.

Ahora, que ¿Cómo sé que son del planeta Ulu? Los oí repetir el nombre de su planeta una y otra vez. Era un sonido hueco como el de un búho. Conté el número de veces que ululaba y en sumadas cuentas conté 365 “ulus”, lo que da un año terrestre.

Pero al año no aparecieron. Y creo que era porque no dejé la ventana abierta de noche, pero lo más seguro es que se les atravesó un meteorito, el tránsito espacial debe ser un caos con tanto movimiento de órbitas.

Volví a hacer mis cálculos, junté más pistas regadas por el mundo y concluí que faltaba otro año para su venida. La caída de hojas en invierno, más luces y carteles siguieron poniéndose en mi camino, pero ellos me pedían esperar. Yo ya estoy listo, pero creo que tengo que preparar a los demás para poder irme. Por eso, si alguien encuentra las mismas señales que yo he encontrado, mi casa está abierta, y mi mano dispuesta para subir juntos a la nave del planeta Ulu.

 

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