Beneficios y restricción de salarios, los polos opuestos de futbolistas en México

Foto: Cortesía Club León
Wendy Herrera

Wendy Herrera

Lujos y extravagancias, así describe el presidente Andrés Manuel López Obrador la vida de algunos deportistas en México. A modo de queja, el mandatario señaló la desigualdad de salarios entre el pueblo mexicano y las estrellas del deporte.

El pasado 25 de agosto, en la conferencia mañanera, el presidente contrastó las cifras con la realidad de más de un millón y medio de mexicanos que han perdido sus empleos por la pandemia. Lejos de una crítica, datos apuntan a que la Liga MX, Primera División del futbol mexicano, destina hasta 4 millones de pesos anuales en un solo salario.

“¿Le van a seguir pagando a un deportista tanto para que tenga uno, dos, tres o diez Ferraris en un mundo tan desigual?”, lanzó el titular del Ejecutivo.

El francés André Pierre Gignac encabeza la lista de mejores pagados con un monto de 4.6 millones de dólares (MDD) por año. En la segunda posición, el arquero Guillermo Ochoa recibe anualmente 4.5 millones de dólares. Le siguen las cuentas de Rogelio Funes MoriEduardo Vargas y Nicolás Castillo que ascienden a 3 MDD.

“El problema es la pobreza, no la riqueza. Hay que reducir el número de pobres, no de ricos”, respondió vía Twitter el delantero Oribe Peralta haciendo referencia al comediante “Cantinflas”. Por su parte, el mexicano Alan Pulido, de la MLS de Estados Unidos, tomó como irónica la declaración del político, “increíble lo de este señor”.

La otra cara del deporte

La brecha salarial entre la Primera División y divisiones inferiores del futbol mexicano atenta contra el desarrollo de los futbolistas, los sueldos de los jóvenes que recién hacen su debut rondan entre 20 y 50 mil pesos al mes.

En el actual torneo, Guardianes 2020, la Federación Mexicana de Fútbol (FMF) aplicó un límite salarial, donde las nóminas no deben superar el 50% del presupuesto total del equipo.

A partir de 2002, la FMF en conjunto con los clubes afílialos crearon el pacto de caballeros, que evitaba que el deportista negociara un traslado de equipo sin la autorización de su institución. Ajeno a los ingresos personales, el desarrollo profesional y la libertad de los futbolistas fue interrumpido por el tratado.

Los intereses económicos lucraron con los atletas, los dueños de los registros de jugadores cobraron una cuota informal por derechos de formación. En caso de incumplimiento, el atleta era sentenciado al veto nacional; sus opciones: emigrar al extranjero sin boleto de regreso o quedarse inactivo.

Desde la extinción del pacto en 2019, los jugadores recuperaron libertades; sin embargo, dentro del balompié aún existen inequidades entre los equipos, divisiones y ramas, donde pocos logran destacar.  

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