El feminismo tras la pandemia más grande, la violencia de género

Foto: Wendy Herrera

“Combatís su resistencia, y luego con gravedad decís que fue liviandad lo que hizo la diligencia.”, Sor Juana Inés de la Cruz.

Marzo de 2020, la pandemia de Covid-19 llegó a México. “Quédate en casa, porque es la única forma de estar a salvo del virus”, dijeron, pero se nos olvidó que la pandemia más grande no se combate con agua y jabón. 

La violencia de género no se ablanda ante ningún virus, es el más nocivo y no se restringe a ningún lugar. Al contrario, ahora significa un peligro mayor para las mujeres en sus hogares.

La directora de la Red Nacional de Refugios (RNR), Wendy Figueroa, declaró el pasado 17 de mayo que el 60% de las llamadas que reciben son de mujeres pidiendo ayuda, 20% para solicitar un lugar a dónde ir y el resto son las redes de apoyo de mujeres que denuncian la violencia que viven sus conocidas. 

No era la ropa que vestimos, o abordar un transporte al salir de cualquier lugar sola. Hasta el hecho simple de estar en la calle implicaba un riesgo de no volver jamás a casa. ¿Y ahora?, ¿Para qué queremos las casas? Sí el abuso duerme con nosotras.

Antes de la emergencia sanitaria vivíamos una crisis de violencia en la que al día había 10 feminicidios.

 Cuando inició la cuarentena pensé: “al menos esas 10 mujeres ya no morirán”, pero en lo que va del confinamiento -a partir del 20 de marzo- más de 367 mujeres han sido asesinadas en México, según la RNR.

Algún día podremos salir otra vez, regresar a la escuela o al trabajo. Mientras esa fecha llega, existen miles de mujeres que seguirán bajo los abusos sexuales, físicos, mentales y emocionales a los que las someten hombres que viven con ellas.

¿Parece descabellado querer romper todo?

No somos nosotras, ni es nuestra culpa. El machismo es una forma de pensar que mata y no es una cosa de desconocidos. Está en las parejas sentimentales, en los padres, en la familia, y entonces ¿Dónde nos protegemos, sí quienes debieran ser parte de nuestro lugar seguro son nuestros agresores?

El concepto de fraternidad familiar va más allá de compartir una habitación. La familia no lastima, no golpea, no chantajea, no abusa.

Es el núcleo en el que crecemos no solo de manera física, sino que nos desarrollamos personalmente, nos proporciona seguridad para ser quienes somos y cuida de nuestra integridad.

No todo es pesimista. Ante esta ola de agresiones conocí una familia que se apega a las características anteriores y que busca el desarrollo de las mujeres; los colectivos feministas.

Colectivos conformados por mujeres empoderadas me han enseñado la protección de nosotras para entre nosotras sin importar las circunstancias, como el 8 de marzo, marchamos juntas por un alto al machismo.

O cuando el #9Marzo nos quedamos calladas para concientizar sobre las consecuencias de los episodios violentos, y ahora, #9Mayo convocaron a una protesta virtual para visibilizar la violencia de género y doméstica durante el confinamiento.

Las mujeres hemos despertado, no estamos dispuestas a tolerar más inequidad de oportunidades, agresiones físicas o psicológicas, ni tratos injustos.

Sé que la violencia sigue muy presente, la desconstrucción de ideas tan arraigadas en la sociedad no desaparecerá de un día para otro, pero confío en el trabajo de mi nueva familia, auxiliando a aquellas que las necesiten, dando fin a los patrones de violencia y otorgando herramientas para la disminución de la violencia de género.

Hombres necios que acusáis a la mujer sin razón… ¿pues para qué os espantáis de la culpa que tenéis? -Sor Juana Inés de la Cruz.

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