“A La Victoria no le falta nada”, tiendas de abarrotes resisten la emergencia

Foto: Anel Esgua

Detrás del mostrador de “La Victoria”, Rafael Gonzales mira sentado el televisor. Se levanta de vez en cuando, cada que entra un cliente. Levanta la cortina del negocio a las 9 de la mañana y cierra alrededor de las 20:00 horas. Las últimas semanas asimilan a una montaña, altas y bajas en ventas.

Rafael Gonzales Hernández es encargado de una tienda de abarrotes en el centro de la ciudad de Puebla. El dueño es su tío de 70 años, que ahora no atiende por la pandemia de coronavirus.

La Victoria, local pintado por una marca cervecera, aún tiene los anaqueles surtidos. Pan, leche, huevo, agua, frijol, arroz, cerveza, galletas, frituras, aceite, jabón, papel, son algunos de los productos que más se han vendido, solo el destilado de cebada empieza a escasear en los refrigeradores.

“Cambió mucho, ya no como antes que vendíamos diario sobre una cuenta. Hoy vendimos casi 400 pesos, no fue el día. La semana pasada, el miércoles junte casi mil. Estamos bien surtidos, la bodega no está vacía ni llena. Así hasta que se acabe esto.”, relata en entrevista para Sala de Prensa.

De acuerdo con datos de la Asociación Nacional de Abarroteros Mayoristas (ANAM), en marzo el sector abarrotero registró un incremento de 18.6% en ventas, donde los productos comestibles se elevaron 22.3%, seguidos de papel higiénico con 17% y limpieza en 16%.

Rafa espera que su miscelánea no tenga complicaciones los próximos meses, aunque sí hay quien consume, las cuentas de la semana son justas. Desde el inicio de la cuarentena, despachó a dos ayudantes, quienes los últimos días le han pedido a su tío regresar para tener dinero.

“Como quiera salimos, pero hay otros gastos. No nos alcanza para los que ayudan, por eso estoy solo. Qué más quisiéramos que regresen los chavos, ¿De dónde les vamos a dar? Viendo cómo va, igual le echamos la mano a uno por semana, pero créame que está ‘cañón’.”, explica.

El hombre de 45 años mantiene un hogar al oriente de la ciudad, una esposa y una hija. En ocasiones trabaja como albañil o haciendo trabajos de plomería. Decidió ayudar al negocio familiar por la falta de oferta en su oficio, gana lo necesario para sobrevivir.

“Entiendo que hay que quedarnos en casa, yo también lo quiero hacer, pero hay que abrir. A todos nos pega, más si no sabemos hacer otra cosa. (…) Luego han venido a comprar y no les alcanza, ¿Qué hace uno? Les echa la mano, si no somos solidarios entre nosotros, ¿Quién?”, finaliza.

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