“Aquel son del mariachi vive oculto, sigue cantando y bailando”

Anel Esgua
Oscar Rodríguez

Oscar Rodríguez

@OscarR_Ro

El sonido de la trompeta, guitarra, violín y maracas dejo de ser la melódica habitual en el centro de la ciudad de Puebla. Sin gente, aquella sinfonía que adornaba las tardes y las noches parece oculta, como un ritmo fugaz.

Al oriente del Centro Histórico, el barrio de El Alto es una zona de cultura y tradición poblana que antes de la contingencia recibía a cientos de turistas. Por sus mariachis, restaurantes, cafeterías, comercios y calles empedradas.

“La música ranchera tiene para amar, para llorar; hay letra para todos, y es por decirlo de alguna manera, son los poemas convertidos en canciones”, comparte Alberto, “El Charro Infante”, en entrevista para El Semanario Gráfico.

Alberto encontró en el regional mexicanos su vocación, tiene cinco años de vocalista principal de mariachi. A la par, es docente de activación física en una escuela, con ello complementa su sustento.

Con botín negro, pantalón charro, camisa blanca, chaleco, chalequín, corbatín y sobrero, el Charro Infante y su conjunto aguardan por llevar gallo -una tocada- en una banqueta. Pasan horas, tocan un par de notas, limpian constantemente los instrumentos, saludan a quienes pasan.

“Tratamos de llamar la atención del cliente con nuestra sonrisa, con nuestro porte, y nuestro carisma. Sí se detienen, hablamos con ellos, les damos opciones para que nos contraten. Nunca nos consideramos el mejor mariachi, pero sí nos consideramos como la buena opción para sus fiestas; siempre hacemos una mermena en sus eventos que quedan complacidos”, plática Alberto.

Lo que era antes, hoy no es

En ocasiones la agenda es apretada, los traslados son de media ciudad, los clientes imploran por una canción más, entre cuatro hasta 7 serenatas en un día; hoy no es así.

“Hay gente que nos llama fuera de agenda, si nosotros no podemos le mandamos un mariachi que sea de la misma calidad que nosotros para que no le quedemos mal”, dice el mariachi.

La contingencia significo la perdida del 95% de ingresos, los eventos se cancelaron desde marzo. Algunos optaron por buscar otro empleo, otros viven al día, pocos están las 24 horas a la espera.  

“Hay veces que, por las ganas de querer trabajar, muchos colegas bajamos el precio para ganarnos al cliente, a la larga nos perjudica, ‘¿Dónde queda lo del traje, lo del estudio, todo lo que se invierte por una canción?’ Es tirarlo a la basura, como cualquier profesionista si le pagan mal está regalando su trabajo”, manifiesta Alberto.

El precio del traje de un mariachi oscila en los 5 mil pesos, los instrumentos varían desde 3 mil hasta 20 mil, los gastos de trasporte dependen del lugar, la ganancia es parcial.

Las fiestas patrias tomarán una nueva atmósfera con o sin la presencia de las guitarras y violines, la sana distancia será la nueva integrante de la agrupación.

“Portar un traje de mariachi es portarlo con honor, con gardillería y más que nada, el que lo va a portar tiene que representar a México”, finaliza El mariachi Infante.

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