Oficios | El primer ladrillo

Foto: Oscar Rodríguez

Llegamos a la comunidad de San Diego Cuachayotla, cerca del municipio de San Pedro Cholula, Puebla. Ahí nos recibió Ricardo Mejía, quien desde hace más de 30 años dedica su trabajo en la elaboración de ladrillos.

El ritmo de una jornada diaria inicia a velocidad desde primeras horas de la mañana, entre las 7 y 8 am. En un terreno de tres hectáreas divide los materiales, un taller de moldeo y el apilado de millares de tabiques.

Al suelo vierte tierra, barro y agua, son mezclados hasta tener una consistencia entre líquida y sólida. Toma unos moldes rectangulares y los coloca junto a la mezcla en piso cubierto de tierra, similar a la preparación de un pan.

Una vez rellenados los moldes, los toques de fineza en el contorno para que no pierda forma se dan con una cuchara o espátula de metal. Hora y media o dos antes del mediodía tendrán que estar completas todas las hileras para que los tabiques reposen y cumplan un secado de por lo menos 9 horas.

Luego, cuando toman un color café opaco, las piezas son llevadas a un horno, donde estarán alrededor de 36 horas en el ‘quemado’. En un día llegan a producirse hasta mil piezas. Los costos por la materia prima en un millar oscilan en 20 mil pesos, y el combustible para la cocción hasta por 15 mil pesos.

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