Oficios | Lustre de zapatos

Foto: Oscar Rodríguez

José Enríquez está destinado a trabajar toda su vida. Trabajó como albañil hasta sus 60 años de edad porque después ya nadie lo aceptó en las obras. No tiene seguridad social ni siquiera una pensión. Decidió hacerse bolero.

En el pasillo que conecta Palacio Municipal con la calle 2 poniente del Centro Histórico de Puebla capital, José tiene su cajón y le da lustre a todo tipo de zapatos.

Recibe a los clientes sacudiendo el polvo de sus botas, con brocha lava a base de espuma y aplica tinta, o pule con crema de piel.

Las jornadas son largas y el boleo por ratos. Le gusta su trabajo, en sus palabras “porque si no, no lo estaría haciendo”.

A dos calles atiende otro José, él con más suelas recorridas. Treinta años desde que su madre le enseñó el oficio a sus 8 años de edad.

Atendía en un taburete en la calle 5 de mayo entre la 2 y la 4 poniente; después a unos metros del zócalo.

El confinamiento le redujo la clientela de 20 lustradas diarias a cuatro o cinco, incluso a una en más de 6 horas.

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