Fuera de lo tradicional, una maternidad solidaria y libre de estereotipos

Foto: Brenda Timal
Anel Esgua

Anel Esgua

La maternidad estuvo encasillada por muchos años como la concepción y educación de la mujer a los hijos, como un acto natural de la vida. Estereotipos de sociedad pretendían orientar cómo ser una buena madre; sin centrarse en estado de la mujer y sí estaba dentro de sus planes ser mamá.  

Guadalupe Nettel, escritora mexicana, estrenó el libro “La hija única”, una narración real y trágica que muestra las distintas formas de vivir una maternidad a través de tres mujeres: Laura (narradora), su amiga Alina y Doris, vecina de la primera.

En la literatura no siempre se encontró un desahogo de la vida real sobre la maternidad y la crianza. Es por esa razón que la escritora impregnó una mirada distinta a la que se mostraba en novelas tiempo atrás.

“Estaba tan harta de la tradicional maternidad del mundo feliz, de la máxima plenitud femenina, de ese ser madre para ser completa, que quería mostrar eso de lo que no se habla tanto, lo que incomoda y la gente no quiere escuchar, pero es la verdad.

No puedes decir, como mujer, que no quieres tener hijos, porque te miran mal o con sospechas. Y la forma en que se atribuye la maternidad a las mujeres es una carga muy pesada”, compartió Nettel en entrevista para El País.

La escritora explicó que la novela ayudará a un cambio en la crianza, consideró que la sociedad se encuentra mal configurada todavía. En su nuevo título plantea distintas formas de convivencia en la que varias mujeres se pueden ayudar a criar el hijo de una, desde la idea de que en la actualidad las madres no deben encontrarse solas.

“La historia que me planteé en un principio no era más que la de mi amiga, que dio a luz a una niña con discapacidad y vio cómo la sociedad la excluía, los colegios, los médicos, los amigos. Entonces tienen que buscar en otras partes, gentes que se reconocen en ese mismo aislamiento.

Hoy se habla mucho de la discriminación contra las mujeres, los trans, el racismo, pero no lo suficiente de la discapacidad, ni hay políticas de inclusión fuertes”, continuó.

Asimismo, comentó que tenía una necesidad de entender aquello que sufrió su amiga Alina, una mujer a la que le anunciaron que el feto que crecía dentro de ella se encontraba con una discapacidad. Esta historia la elaboró y la convirtió en una novela.

“Es la primera vez que he sentido la escritura como algo colaborativo, ella me contaba y yo escribía. Había una traba, un margen más estrecho, porque no podía inventar e irme a lo fantástico”, finalizó.

La mexicana detalló que la idea de lo colectivo funciona como una forma de crianza que puede salvar la carga de aislamiento en la que se encuentran muchas mujeres en el siglo XXI. 

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