El triunfo de Biden es la esperanza de migrantes en Matamoros

Foto: AP
Staff Semanal Gráfico  / con información The New York Times

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En la frontera de Matamoros, Tamaulipas, y Texas miles de migrantes mexicanos y centroamericanos aguardan por cruzar a la unión americana. Viven en carpas improvisadas con lonas de plástico, la ropa y sabanas cuelgan en arboles arriba de la comida podrida y desechos humanos; las condiciones son deplorables.

“A veces siento que ya no aguanto más”, dice Jacqueline Salgado, que huyó del sur del país, en platica con The New York Times.

Alrededor de 600 personas permanecen varadas en este punto que se convirtió en un campamento de refugiados. La eventual victoria de Joe Biden a la presidencia de Estados Unidos fue la luz de esperanza que postra sus ilusiones en Matamoros.

La Administración Trump ha dicho que la política de “permanecer en México” era esencial para impedir que se abusara de las leyes de inmigración de EU y aliviar el hacinamiento en las instalaciones de la Patrulla Fronteriza luego de que casi 2 millones de migrantes cruzaron a EU entre el 2017 y el 2019.

Las autoridades mexicanas han culpado de la situación al gobierno norteamericano. Se han negado a designar las áreas al aire libre como campamentos oficiales de refugiados en colaboración con la ONU, que entonces habría proporcionado infraestructura para vivienda e instalaciones sanitarias.

Aunque pocos casos de coronavirus se dieron en el campamento, la mayoría de los trabajadores estadounidenses de ayuda humanitaria que habían distribuido suministros dejaron de venir. El Cártel del Golfo, que trafica drogas por la frontera, se instaló.

La banda criminal cobra a los residentes del campamento que deciden cruzar el río nadando y, a veces, los secuestra para pedir rescate. También han aumentado las golpizas y las desapariciones. Nueve cadáveres han aparecido en los márgenes del Río Bravo cerca del campamento en los últimos meses.

La mayoría de los niños del campamento no ha ido a la escuela desde que abandonaron su casa. Carmen Vargas, sin soltar a su hijo, Cristopher, comparte: “tiene sólo 13 años y prácticamente ya ha perdido dos”.

En Honduras, Vargas era policía. En 2018, metió a la cárcel a un miembro de un cártel de las drogas. En cuestión de horas, el cártel anunció que la mataría. Ella y Cristopher huyeron.

Los residentes del campo padecen enfermedades crónicas de virus gripales y enfermedades estomacales. Su piel tiene marcas de los mosquitos que pululan en el campamento tras las lluvias.

La mayoría reconoce que la vida al otro lado de la frontera sería difícil, en especial si perdieran sus casos y tuvieran que vivir en las sombras. “¿Sin papeles es mejor estar en EU que aquí? Sí, es mil veces mejor”, dice Lucía Gómez, que salió de Guerrero, México, luego de que su esposo y su suegro fueron asesinados.

 

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