Las voces que exigen un alto a la violencia contra mujeres

Foto: Anel Esgua
Marytere Pavón

Marytere Pavón

Salieron de casa para exigir justicia por el feminicidio de Angie Michelle, hallada el pasado 13 de julio en el municipio de San Nicolás de Los Ranchos, al oeste del estado. Protegidas con cubrebocas, caretas y sanitizantes, rompieron el confinamiento en contra de la violencia de género.

Así tuvo que ser, en el pico de contagios, el grupo rodea la asta bandera del zócalo de Puebla por la resolución de carpetas de feminicidios. Antes de mediodía, el contingente se nutre, en su mayoría, por miembros del Frente Feminista Radical.

No rompieron la cuarentena por gusto, podrían estar tranquilas resguardadas en casa, pero la situación lo reclama. Como si cada día otro nombre se añade a la lista de feminicidios en el país.

El Frente cierra un perímetro al lado de la fuente de San Miguel. Poco a poco más van llegando, con amigas, madres, o en pareja, quienes esperan fuera de la zona solo observando.

Entre mujeres nos cuidamos

Pronto, el adoquín está cubierto de ropa femenina con sangre, carteles, mensajes pintados con gis, flores, velas.

Los nombres de varias mujeres están escritos alrededor: Michelle, Concepción, Ximena, Laura, Nancy, Alma, Teresa; es difícil leerlos sin pensar en alguien con alguno de esos nombres, un familiar, una compañera, una amiga.

Hay dos chicas que llegaron juntas, pareciera sin planearlo. No sabían de la manifestación, pero cuando vieron no dudaron en sumarse. Y a pesar de estar ahí por coincidencia, participan tomando la iniciativa, escriben mensajes y ayudan al colectivo.

Contrario a lo que pensarían, hay calma, el silencio solo se interrumpe por las voces preguntando, “¿Dónde está el diurex?, ¿Dónde está el gis?”, las jóvenes transmiten entre ellas confianza, platican, hacen nuevas amigas.

“Para el gobierno es una cifra más, para nosotros una vida menos. Angie Michelle ¡Recuerden su nombre! Porque nosotras no olvidaremos”, dice un cartel con tres fotos de una niña de entre 11-14 años con uniforme escolar. “¿Qué se sentirá enterarte que una conocida tuya fue asesinada?”.

Otro caso más

En un momento, un hombre se acerca y conversa con una chica del Frente, nadie lo nota hasta que provoca un poco de alarma cuando alza la voz. Se forma silencio y todas prestan atención, alertas por si algo sucede.

Lo que comparte él con la joven desconcierta un poco: “Todos ellos no están muertos, ¿Sabes cuándo mueren? Cuando los olvidamos”. Platican más y ella regresa a su actividad, se queda ahí observando.

Minutos después, comenta a unos jóvenes sobre alguien que él conoció, Margarita Cruz, asesinada por un hombre cuando tenía 15 años. La joven le ofrece escribir su nombre junto a los otros, él acepta.

A cada minuto de cada semana nos roban amigas, nos matan hermanas

Con el sol de mediodía, la plancha del zócalo está llena de mujeres acostadas en representación de todas las que ya no están. En representación de todas las mujeres que aparecieron tendidas en carreteras, terrenos.

De fondo acompaña la canción Sin Miedo de Vivir Quintana que minutos después vuelve a sonar, ahora acompañada de las voces de todas las presentes. Es perceptible el enojo, la frustración y la tristeza, una chica comienza a llorar mientras cantan, alguien la abraza.

Una joven, con emoción, comparte el pronunciamiento del Frente Feminista Radical pasando de la Oración por las muertas de Juárez, un llamado a las autoridades y la mención de algunas de las mujeres víctimas de feminicidio.

Algunas comienzan a retirarse, aunque no se conocen se despiden entre ellas como si lo hicieran. Parecen irse tranquilas, seguras de que, si alguna vez les llega a ocurrir algo, esas desconocidas no dudarán en levantar la voz por ellas. 

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