Tomás Cruz, el maestro de arqueólogos que inició como albañil

Foto: El País
Fernanda López

Fernanda López

Los restos de lo que alguna vez fue México-Tenochtitlan surgen de las entrañas de la Ciudad de México con ayuda de un equipo de trabajo en el que Tomás Cruz Ruiz, albañil zapoteca, se convirtió en maestro instructor de arqueólogos, antropólogos, biólogos y profesionales dedicados al descubrimiento de ruinas prehispánicas. 

Tomás Cruz es originario de una comunidad indígena zapoteca de Santa Ana Yareni, en la sierra norte del estado de Oaxaca, forma parte del Proyecto Templo Mayor (PTM) del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) desde hace 42 años.  

En ese entonces, el objetivo principal del Gobierno Federal centraba esfuerzos en recobrar el recinto ceremonial del pueblo mexica, labor que requería una gran cantidad de trabajadores. Tomás comparte que, siendo él ayudante de albañil de 21 años, fue un familiar quien le habló e invitó a formar parte de este proyecto.  

“Carretilla, cargar tierra, ir a tirarla a otro lado. Un mes a pico y pala, alrededor de la piedra. Luego parece que me vieron que trabajaba bien y ya me mandaron con un arqueólogo. Y ahí ya no era pico y pala, sino cucharillas y escobetillas”, narra Tomás, ahora a sus 67 años de edad, en entrevista para El País

Historia al descubierto  

Fue así como su experiencia se fue enfocando en la excavación y recuperación de ofrendas mexicas las cuales, según expertos, fueron dedicadas hace más de 500 años a los dioses de esta cultura. De entre los primeros y más significativos hallazgos está el monolito de la Diosa lunar Coyolxauhqui, pieza ubicada al píe de la escalinata al santuario de adoración de Huitzilopochtli.           

El director del Proyecto Templo Mayor, Leonardo López Luján, Tomás Cruz y el resto del equipo de trabajo se encontraban a principios de año desenterrando unas ofrendas ubicadas en el Cuauhxicalco, una estructura circular en la que antiguamente los restos cremados de los gobernantes de Tenochtitlan eran sepultados. 

“Cuando nos disponíamos a sepultar la caja de manera definitiva, Tomás Cruz Ruiz se percató con su ojo experto de que el muro meridional ocultaba tras de sí un estrecho pasillo (…) Al liberarlo de tierra y piedras supimos que el pasillo conducía al corazón del Huei Cuauhxicalco”, explicó López Luján. 

Arqueología en pausa 

En palabras de Tomás, antes de que se iniciara la contingencia sanitaria por Covid-19 en marzo, “Si es de puro limpiar en la ofrenda, en un día avanzamos 20 centímetros de diámetro, por unos dos de profundidad”. 

Después de dar positivo por coronavirus, el arqueólogo regreso a su natal Oaxaca para aliviarse en casa de su sobrina, lejos de su espacio de trabajo. Aun así, Tomás Cruz no descarta la idea regresar tras su recuperación y reincorporarse con labores pequeñas dentro de la zona del Templo Mayor, un lugar en donde los misterios prehispánicos aún esperan ser descubiertos. 

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