“Eres demasiado negro para ser blanco, y demasiado blanco para ser negro”

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Oscar Rodríguez

Oscar Rodríguez

La definición de la palabra racismo según el Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación de la Ciudad de México (COPRED) es “el odio, rechazo o exclusión de una persona por su raza, color de piel, origen étnico o su lengua, que le impide el goce de sus derechos humanos. Es originado por un sentimiento irracional de superioridad de una persona sobre otra”.

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La semana pasada, el mundo vio al policía Derek Chauvin poner su rodilla sobre el cuello de George Floyd, un hombre afroamericano, por varios minutos hasta provocar su muerte por asfixia. Millones de personas se manifestaron contra el “asesinato racial”.

En redes sociales, George Floyd es tendencia. El apoyo de la población mexicana a Floyd y la gente de color está presente. Los mexicanos condenaron el asesinato. Expusieron su repudio a la violencia racial. Pero al mismo tiempo dejaron al descubierto lo falaz que son sus palabras.

En algunas partes de México es común escuchar palabras como “indio”, “nopalero”, “prieto”, “naco”; mismas palabras que utilizadas en frases: “Nunca falta el prieto en el arroz”, “Trabajas como negro”, “Cásate con un güero para mejorar la raza”.

Se piensa que el uso de estas palabras parte de un idealismo clasista y no racial, justifican ser clasista a racista en el México contemporáneo.

¿México es clasista o racista?

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El racismo en México, de acuerdo con historiadores, se originó en la época de la Colonia por un sistema jerárquico de castas que daba privilegios a los europeos, en la sima de la pirámide; seguidos por los criollos que eran españoles nacidos en el Nuevo Mundo; luego los mestizos, mezcla entre españoles, indígenas y africanos; y al final del poliedro social, indígenas y esclavos.

Esta clasificación generó discriminación hacia las castas inferiores, sufrieron de pobreza, hambruna, analfabetismo, privación en servicios de salud, oportunidad de trabajos.

Entonces, respondiendo a la pregunta ¿Somos clasistas o racistas? La respuesta dependerá de con cual no agrade que lo adjetiven a uno.

Un orgullo no ser indígena

La Encuesta Nacional sobre Discriminación (ENADIS) mostró, en su último censo realizado en 2017, que el 24% de la población indígena de 12 años en adelante (2.4 millones) padeció al menos una situación discriminatoria, de los cuales, 40% de los casos consideraron que fue por su ascendencia indígena.

Siguiendo estas cifras, ¿Cuántos de nosotros no fuimos causantes de ese 40%? Es muy sencillo pasar de largo cuando una mujer, un niño o adulto mayor de rasgos indígenas, pide una moneda con la cual podría “comprar la papa”.

¿Qué pasa con el indígena que vende su trabajo? Aprovecharse de la situación económica de los grupos éticos para regatear y devaluar su trabajo forma parte del cifrado. No es necesario pagar por el precio neto de una artesanía que costo material, tiempo, transporte público, posibles cuotas por uso de piso; si el vende está en la mejor disposición de rebajar los costos de su oficio.

CONAPRED expuso que el 64% de la población mexicana se considera de tez morena, en la práctica es totalmente diferente. A la mínima provocación de discriminación por el tono de piel, salen argumento de tener descendencia española, estrategias para no sentirse parte de un extracto social que se le denomina inferior.

El problema de los mexicanos no es la falta de apoyo hacia los problemas raciales que sufren otros países, sino que, es la falta de aceptación a un problema social que ataca de manera cancerígena al tejido social en México. Los prejuicios e idealismos están presentes en el clasismo y patriotismo, pero solo son una parte del México racista que se vive día con día.

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